El Centro Fundación Caja Rioja Gran Vía muestra “Crónica viva, memoria trazada”

Abr 2, 2024 | Noticias, Uncategorized

El Centro Fundación Caja Rioja acoge del 2 al 18 de abril la exposición “Crónica viva, memoria trazada”, que muestra el trabajo de la ilustradora Antonia Santolaya Ruiz-Clavijo y su madre, Adoración. Juntas generan una crónica viva en la que las manos de la madre tejen a través de bordados los dibujos que Antonia crea y les trasporta a vivencias pasadas y a espacios donde el cuerpo y la mente recorren una memoria trazada por el cáncer.

Este proyecto visibiliza la expresividad del bordado, una herramienta que ha acompañado a las mujeres durante mucho tiempo y que tiene el potencial de relatar lo que se vive dejando un rastro, como los anillos de los troncos de los árboles, y traspasa la frontera de lo doméstico a lo público.

El proyecto parte de la experiencia en primera persona con el cáncer de mama y de la necesidad de afrontarlo como conflicto no solo personal, sino interpersonal y cultural, al tratarse de una enfermedad que conduce al cuestionamiento de la identidad como mujer, en el que se ponen de manifiesto todas las contradicciones de la cuestión de género.

Aporta su visión de la enfermedad como proceso de maduración y aceptación personal desde el terreno plástico. Es el punto de partida para un trabajo artístico interdisciplinar, en el que el proceso creativo se convierte en un fin en sí mismo y en una experiencia compartida.

Con motivo de la exposición, el día 16 de abril a las 19:30 horas tendrá lugar la charla “Arte y emociones” a cargo de Antonia Santolaya y la psicóloga de la Asociación contra el Cáncer en La Rioja, Ana Casbas.

Antonia Santolaya

“En este proyecto, Crónica Viva. Memoria Trazada, colaboro desde hace seis años con mi madre para unir saberes. Desde su entorno rural, ella, como muchas otras antes, ha creado, replicando patrones hasta el infinito, dando a ese proceso utilidad al ofrecer con sus trabajos cuidados a su entorno. El acto de tejer solía quedarse en el terreno de funcional y doméstico sin contar con un reconocimiento mayor. Al margen de prejuicios generacionales, que yo misma he tenido sobre este hacer lento y considerado propio de mujeres, he observado que coser le proporcionaba un vacío mental, se convertía en su “habitación propia”, era el espacio propio que ella creaba para ensimismarse y relajarse. En ese no pensar y tejer conseguía encontrar alivio de duelos, un respiro en la crianza, un descanso a su trabajo en el colmado familiar y en los trabajos agrícolas”, explica Antonia Santolaya. “La realización conjunta de este proyecto con mi madre, marcada por la vivencia personal de haber perdido con nueve años a su madre tras un cáncer de mama, es un vínculo con ese momento de la infancia, a través de la experiencia vital. Juntas hemos creado una suma de procesos. Por una parte, están mis dibujos y a continuación, sus bordados que trasladan puntada a puntada los dibujos a la tela. Coser, tejer, un quehacer creativo cotidiano que está al alcance de todas las personas y que en este proyecto surge con el propósito de que pueda ser utilizado para trabajar con otras muchas mujeres. Dibujar con hilo es adentrarse en una constante que sostiene el tiempo con lentitud, una forma de meditación. Tomando dos técnicas muy cotidianas y comunes se atraviesa lo que es y se desvela lo que aparece”, explica.

Este proyecto artístico, en el que el proceso creativo es un fin en sí mismo, tiene como objetivo generar, a través del dibujo, un espacio de intercambio y convivencia para el acompañamiento.

Juntas han trabajado en la realización de alrededor de cien piezas con alegorías bordadas que conforman una instalación. Hacen del dibujo una experiencia, tanto visual como corporal. Crean iconos surgidos de la deriva de dejarse estar con las emociones que surgen.

Antonia Santolaya presenta la creatividad como clave para generar herramientas y recursos propios. Transforma la valoración de procesos artísticos que han sido invisibilizados y apartados al ámbito tradicional privado de la mujer y los trasciende al ámbito público. Asimismo, profundiza en las relaciones entre arte y enfermedad, conectadas por la capacidad de transformación, incorporando a nuestros recursos intelectuales y sensibles la capacidad del arte para ampliar y modificar horizontes.

El dibujo es un medio de comunicación con el inconsciente y toda esa información sistémica, de arquetipos y símbolos, que ha sido recogida y traspasada desde nuestros ancestros hasta la actualidad. Todo lo vivido con anterioridad forma un tejido-red en nuestro cerebro. La creación artística revela ese tejido y todos los vínculos emocionales que lo envuelven.

“Cada una tiene un relato que contarse. Aquello que nos contamos importa para como nos sentimos. Uno de los procesos por los que la mayoría de las mujeres con cáncer de pecho pasan es la quimioterapia. Las sesiones de quimio pueden ser largas y muchas mujeres llevan consigo almohadas que les hacen estar más cómodas. Este objeto tan cercano se toma en este proyecto artístico como metáfora y soporte a una simbología propia”, dice Antonia. “Mi aportación como dibujante ha sido crear dos líneas de trabajo, uno personal con mi madre en el que creamos almohadas con imágenes inconscientes a partir del cáncer, del conflicto, de la vida y sus procesos de cambio, que son representados mediante bordados a mano”, dice.

La otra propuesta está centrada en un dibujo repetitivo y meditativo, como un mantra gestual que ayuda a la representación de emociones. Los círculos sucesivos acogen la psique, se suceden y se entrelazan a modo de infinitos en los que los pensamientos se desmadejan y se deshilvanan. Los círculos conllevan movimiento. Su trazo deja fluir energía y en su elaboración repetitiva se van creando espacios vacíos, donde todo es posibilidad, donde las puntadas están por dar, donde se puede volver a renacer.

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